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jueves, 4 de agosto de 2016

El mercedes de Pepe


Cuando veo a Pepe deambular, sonriente y orgulloso, en su moderno y sofisticado, pero perfectible mercedes, por este camino de baches, desniveles, peligrosas curvas y pendientes desde donde el abismo es un destino muy posible, puedo entender el por qué de la ineficacia del modelo, no sólo de pensiones sino de la desigualdad socio económica de nuestro país. Chile es una larga y estrecha faja de tierra, al fin del mundo, unida por un camino de delgado asfalto que cada cierto tiempo es parchado para no dejar ver la base pedregosa sobre la cual fue construido. Un camino que al ojo del visitante parece de excepción, digno de la mejor carretera del primer mundo, pero que para quienes lo debemos transitar a diario, en pequeños vehículos de cuidad, transporte público, algunas todo terreno de bajo estándar y aun muchas carretelas, no es más que un sendero, único y obligado, a una segura vejez de precariedad, falencias y absoluta falta de dignidad. Pepe circula sin notar la imperfección, perfectible por cierto, gracias a las modernas prestaciones de su mercedes, pero quién puede comprar un mercedes, sólo Pepe y unos cuantos privilegiados, que en honor a la verdad han construido caminos distintos a esta faja asfáltica, modernas carreteras sólo para ellos, alejadas de las populares urbes, cruzando parajes desde donde el gueto no es visible, con el único afán de desconocerlo. Pepe y su grupo de privilegio circula en modernos mercedes, de vidrios polarizados, aire acondicionado, airbags obviando el camino asfáltico que construyeron para quienes consideran inferiores. Pepe no puede entender y no se lo pediré, la realidad de quienes atiborrados esperamos toda una vida para avanzar, lo que él en un día, con esfuerzo, sacrificio y en muchos casos frustración en nuestros precarios vehículos, que nunca podrán disminuir los golpes, la incomodidad y el dolor de un camino donde al final está el abismo. Pepe es de aquellos que en legítimo derecho circulan en un mercedes, pero a los cuales al menos me permito cuestionar cómo obtuvieron los recursos para comprarlo. Pepe y su mercedes son el icono que representa a nuestra sociedad; una de privilegiados y postergados, de abusadores y abusados, de mercedes y transantiago. Pepe representa, así espero, a una minoría no interesada en mirar ni ver fuera de su mercedes, una inmune a la precariedad, al hambre, al frio, a la frustración, una minoría que desde su posición de poder ve como otros, la gran mayoría construimos sus palacios, pagamos sus lujos mientras somos azotados por el endeudamiento única paga a nuestro labor que permite comprar y construir el mercedes de Pepe. Hoy dudo que muchos más quieran emular y circular en un mercedes como Pepe, que después de esta enfermiza analogía seguro dejaremos de ver en la delgada faja asfáltica debiendo quizás reducirse a sus carreteras de alto estándar, incrementando aun más la cultura de gueto y segregación. Pepe le hace mal a Chile, a este nuevo que queremos construir, desde diferencias que son legítimas, pero sabiendo que es para todos. El mercedes de Pepe no aporta, pero tampoco le podemos negar la circulación, porque debemos creer en un país donde la libertad de expresión sea la base para la democracia, una donde la tolerancia nos hará mas sabios para escuchar y ver a Pepe y su mercedes sin que altere nuestra creencia y defensa de los valores que sustentan la libertad, la democracia y la vida. Pepe debe saber que aunque no lo queremos puede circular por su carretera exclusiva o por la delgada faja asfáltica, la que entre todos debemos mejorar para evitar parchar cada cierto tiempo. Al Farías Ciudadano

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