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viernes, 20 de junio de 2014

VIOLENCIA MADE IN CHILE

Me provoca sorpresa ver y escuchar los medios de comunicación hablando de los 80 chilenos detenidos, por irrumpir de forma violenta al estadio en Brasil, como si ellos fueran la excepción a la norma en Chile, cuando en rigor la violencia es la forma en que nos relacionamos a diario. Estos chilenos han sido capacitados en sus trabajos para ganar, obtener lo deseado, alcanzar el objetivo sea cual sea el costo, esta ideología de la competencia que se desarrollo como estrategia de marketing se ha traspasado a nuestra vida diaria y hoy los chilenos estamos programados para alcanzar el objetivo trazado. De los chilenos expulsados  muchos justificaron su actuar diciendo “No teníamos entradas, estaban muy caras y nosotros ya estábamos aquí, vimos la oportunidad de entrar y lo hicimos, no es justo teníamos derecho a entrar”. Estas palabras dan cuenta de lo que planteo, los chilenos estamos convencidos que por habernos esforzado siempre mereceremos tener lo que buscamos. El termino empoderarse se ha internalizado al extremo de justificar cualquier comportamiento si este nos garantiza satisfacción. En busca de esta rompemos reglas, las que además consideramos siempre injustas si coartan nuestro entendido y legítimo derecho a conseguir lo buscado. El comportamiento violento de nuestra sociedad no es excepcional y los 80 chilenos detenidos en Brasil no son delincuentes, sino ciudadanos convencidos que sus intereses siempre estarán por encima de cualquier marco regulatorio. Estos chilenos son dignos representantes de la sociedad que hemos construido; el Maracaná, la Plaza Italia, las marchas, el fútbol local, las fiestas masivas, las discotecas, el metro, el transporte público son espacios catalizadores de la violencia que Chile genera producto de un modelo de abuso permanente del poder.

En Chile sabemos que la movilidad social esta asociada a la obtención de bienes, los chilenos vamos a la universidad no porque estamos ansiosos de aprender, sino porque queremos tener un auto, una casa, un plasma, un Smartphone, un Tablet y ropa de marca. En una sociedad de consumo como la nuestra esto no parece reprochable, el problema es que los chilenos no queremos estos bienes para nosotros mismos, sino para mostrarlos a los demás, garantizando el éxito ostentado, proyectando una creciente capacidad de consumo que nos asegura el estatus y el crecimiento económico, siendo este último el objetivo final.

Los chilenos vivimos en una contradicción permanente; aseguramos estar disconformes con el modelo económico cuestionando a diario la mala distribución, decimos estar en desacuerdo con el sistema de pensiones, con la salud, la educación, la política, el consumismo e incluso la violencia, sin embargo corremos enfervorecidas a ventas de bodegas de productos que muchas veces no necesitamos, preferimos un mall a plazas, museos o espacios culturales, nos negamos a participar en el ejercicio democrático  y cada vez que nos reunimos en masa estamos dispuestos a pelearnos por proteger nuestro metro cuadrado. Los chilenos detenidos en Brasil no son el 1% como los medios quieren hacerlo parecer, los chilenos detenidos en Brasil son la máxima representación del comportamiento habitual de una sociedad violenta, individualista que ha sido forjada bajo criterios egoístas y mezquinos de aquellos que han puesto la productividad por sobre la satisfacción de las comunidades.

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