El caso de Inés Pérez Concha no
es ajeno ni mucho menos aislado, ella representa a un porcentaje importante de
chilenos que busca abrirse paso en nuestra sociedad de consumo. Esta mujer
atractiva y con dinero suficiente para una muy buena calidad de vida, es producto
de un par de generaciones de esforzados trabajadores, sus padres quizás
supieron de necesidades y de trabajo duro. Inés Pérez Concha es la digna
representante de esa parte de Chile que
teme a la falta de recursos, esa parte de Chile que repleta los centros
comerciales, de esa parte de Chile que regresa de sus viajes al extranjero con
maletas llenas de productos que lucen con orgullo y arrogancia permitiéndoles diferenciarse
y alejarse de aquellos que se ven y parecen recordarles los que sus generaciones
cercanas fueron hace pocos años atrás. Inés Pérez no es más que la niña símbolo
de la aspiración de una sociedad que valora y clasifica a sus integrantes en
virtud de los bienes de consumo y los éxitos económicos. Esta mujer arrogante es el reflejo de muchos de nosotros, una sociedad
ladina que no reconoce su historia y se avergüenza de sus orígenes, una
sociedad que la enjuicia públicamente, pero que en la intimidad quizás admira y
comprende, una sociedad de doble estándar que repleta calles en defensa de los
derechos de los más necesitados, sin embargo hace su vida en enclaves alejados
de aquellos que consideran personajes ordinarios y triviales, capacitados sólo
para el servicio doméstico y labores manuales.
Inés Pérez es producto de nuestro
exclusivo y aplaudido crecimiento económico, origen de la cultura mall, tan
arraigada y valorada en nuestros días.
1 comentario:
Creo que escribes puras estupìdeces...tus comentarios denotan envidia y resentimiento. Si la tipa tuvo un golpe de suerte en la vida, allá ella.
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